ORO Y PLATA INTERNACIONAL S.A.
















La ciudad por la que se camina sobre
una mina de oro

Oculta bajo las frías calles de Londres se oculta una mina de oro.

Se extiende a lo largo de más de 27,871 metros cuadrados, en el sector
financiero de la ciudad.

Sin sospecharlo, quienes transitan por la calle Threadneedle pasan por
encima de un laberinto conformado por ocho bóvedas del Banco de
Inglaterra, repletas con lingotes de oro por un valor de US$200.000
millones.

¿Por qué acumular esta cantidad de oro de esta manera?

Protección dorada

El oro es uno de los valores más negociados en el mundo.

Casi no hay lugar donde no se hagan tratos con este mineral. Su precio
es considerado uno de los termómetros más eficaces para medir la
confianza de los consumidores.
Cuando el clima es de incertidumbre el precio del oro sube, y también lo
hace cuando hay elecciones en Estados Unidos.

“El oro es una protección contra la incertidumbre“, comenta Jonathan
Spall, un comerciante con larga trayectoria en el mercado y director de
la firma G. Cubed Metal.

La mina de Londres

En el interior de estas recámaras no hay olores ni sonidos.

Sus gruesas paredes de concreto encierran barras de oro cuyo peso es
de alrededor de 12kg, y su valor ronda los US$500.000 cada una.

Los lingotes son distintos, por cuanto tienen características propias de
donde fueron hechos. Unos parecen panes y otros tienen los bordes
redondeados, a fin de facilitar el agarre y transporte.

Un quinto del oro de los gobiernos del mundo se encuentra aquí y en
otros sitios de Londres. En total son 6,256 toneladas con un valor de
US$248.000 millones.

Solo en las bóvedas del Banco de Inglaterra hay 5,134 toneladas,
incluyendo las reservas del Tesoro de Reino Unido, y gran parte del
volumen enorme que se negocia en la ciudad.

El oro de 30 países también se localiza en estas recámaras, junto a lo
que resguardan unos 25 bancos.

Estos herméticos salones se abren con llaves que puede medir casi un
metro, y pronunciando una contraseña en un micrófono incorporado a un
sistema de seguridad para que la puerta se abra.

Por qué en Londres

Parte de este metal se conserva en la ciudad para mantenerlo cerca del
mercado donde es negociado.

También es una demostración de la seguridad que existe en las
bóvedas de Londres.

Las recámaras del Banco de Inglaterra fueron construidas en la década
de 1930.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los lingotes de Reino Unido fueron
trasladados a Canadá para continuar la confrontación bélica si los
alemanes conquistaban territorio británico.

Una de las cámaras fue utilizada como cafetín de los empleados del
Banco de Inglaterra, y luego se convertiría en un refugio antibombas.

A partir de 1945, las bóvedas solo han sido usadas para resguardar oro.

Cómo trasladan los lingotes

Las barras llegan a Londres por vías sorprendentemente tradicionales.
Algunas vienen por mar, enviadas desde refinerías como PAMP en
Suiza o Rand, en las afueras de Johannesburgo, en Sudáfrica.

También viajan como un pasajero regular en aviones. “En el área de
carga de los aviones comerciales sueles encontrar oro, flores frescas y
cadáveres“, comenta Ruth Crowell, directora ejecutiva de la Asociación
del Mercado de Lingotes de Londres,

No obstante, más difícil que transportarlo es almacenarlo.

Crowell explica que, debido a que buena parte de la superficie
londinense es de arcilla, y como el oro es una sustancia tan densa, solo
puede guardar lingotes hasta cierto nivel de las bóvedas, de lo contrario
se hundirían.

Otras ciudades no tienen este problema. Por ejemplo, Manhattan tienen
suelo de roca, por lo que la Reserva Federal puede almacenar barras
desde el suelo hasta el techo de la bóveda.

Como resultado de esto hay restricciones sobre el límite de almacenaje
en las recámaras del banco.

En el nivel de arriba solo pueden colocarse barras hasta una altura de
cuatro paletas de carga.

En los niveles inferiores solo pueden colocarse hasta una altura de seis
paletas.

Es por ello que Londres necesita distribuir su oro en una gran extensión,
para evitar que se hunda.

De esta manera, hay bóvedas en diferentes sitios secretos de la ciudad.
Bancos como JP Morgan y HSBC tienen unas siete locaciones de
seguridad bajo la M25 (autopista que rodea a la capital británica),
incluyendo tres en los alrededores del aeropuerto de Heathrow.

Un mercado secreto

No solo las bóvedas permanecen en lugares secretos, el mercado del
oro es también un misterio.

La compra venta de este metal está llena de tradiciones y rituales, en
particular el mecanismo de fijación de precio.

El valor es determinado en un mercado dominado por 12 participantes
directos, encabezados por Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, China
y Francia, que sesiona dos veces al día.

Cuando una cotización satisface la oferta y la demanda, el precio queda
fijado.

Hasta el 2015 las transacciones se realizaban verbalmente: un
moderador repasaba diferentes cotizaciones a los participantes, cada
uno de los cuales –si el precio era el apropiado- decía si compraba o
vendía.

Entre 1919 y 2004, el valor se determinaba en persona, en el sector
financiero de Londres, conocido como The City.

Desde el 2004 en adelante, las operaciones se realizan a través de una
conferencia telefónica.

No fue hasta 2015 que cambiaron a un sistema electrónico de subasta
más moderno, manejado por la compañía Intercontinental Exchange,
que también es dueña de la plataforma de la Bolsa de Valores de Nueva
York.

Sus dos rondas de negociaciones diarias sirven de referencia para el
resto de las transacciones que se realizan en todo el mundo, un
mercado global donde se comercializa un total de unos US$120.000
millones al día.

Activos móviles

En las buenas épocas, el oro tiene poca demanda. Pero cuando vienen
tiempos difíciles este metal se transforma en el paraíso de la seguridad
para los inversionistas.

No es como tener dinero guardado debajo del colchón, pero sí es una
manera muy efectiva de protegerse contra los riesgos de los mercados.

En agosto del 2015, cuando el índice Dow Jones cayó 1.000 puntos, el
precio promedio del oro se mantuvo creciendo durante cada sesión
matutina mes a mes, elevándose de US$1.000 en diciembre a US$1.200
en marzo.

Cuando los mercados internacionales se desplomaron en ese momento,
gobiernos e inversionistas privados se deshicieron de las acciones y
compraron oro, tal como lo siguen haciendo China y Rusia.

A pesar de ello, solo 32% del dorado metal está en manos de gobiernos,
bancos e inversionistas.

El 12% tiene fines industriales, como la fabricación de circuitos
electrónicos, y, más de la mitad, es utilizado para hacer joyas,
principalmente en China e India.

Solo en India se compran entre 30 y 40 gramos de oro para cada una de
las 10.000.000 de bodas realizadas todos los años.

“Entre China e India se concentraba poco menos de 10% de la demanda
mundial de oro en el 2000. Hoy día, se acercan a 90%”, señala Ross
Norman, director ejecutivo de la empresa Sharps Pixley.

El oro está de moda

Con la reciente volatilidad de los mercados cambiarios y bursátiles, no
causa sorpresa que el oro haya retornado a los puestos de vanguardia
en la moda.

Para muestra está la inauguración del primer salón de exhibición de oro
en pleno centro comercial de Londres, realizado en enero.

La empresa Sharps Pixley se encuentra en esa zona, y si quieres
ponerle la mano a un lingote ahí lo puedes adquirir.

El precio para barras de un kilo ronda los US$40,830 y US$4,931 para
un gramo.

Y como te imaginarás, todo parece indicar que estos valores continuarán
subiendo, así que si vas a la tienda será mejor que lleves una tarjeta de
crédito dorada.
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